martes, 18 de octubre de 2011

*

Mirabas hacia el final de la barra a una rubia platino, delgada,
con un vestido ceñido que fumaba un Ducados. "¿Qué hago?", preguntabas.
"Dile cualquier cosa, si esta noche no duermes en casa, te debo una copa".
Amagaste decidido con ir, "Pero bueno chaval, ¿cómo es que te entran las dudas?"
"¿Sabes qué te digo? Paso de la rubia.
Esta noche me quedo a tu lado,quiero estar contigo.
Jefe, póngale lo que pida aquí al amigo".

Madrid era una hoguera y nosotros incendiarios,
aullando a la noche como lobos solitarios.

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